El riego eficiente mejora la estética del jardín

¿Estoy regando bien mi jardín?

El suelo tiene una capacidad de almacenamiento limitada, desde los poco más de 150 litros por metro cúbico de un suelo arenoso hasta los 450 litros por metro cúbico de un suelo totalmente arcilloso. Frente a una evapotranspiración potencial que supera, con creces, los 1000 litros anuales por metro cuadrado, el riego del jardín es una necesidad indiscutible una vez agotadas las reservas de agua en el suelo. Las precipitaciones son prácticamente inexistentes desde Junio a Octubre, justo en los meses en las que las necesidades hídricas del jardín son más elevadas debido a las altas temperaturas. Hay que regar, sí o sí.

Pero, ¿cuánto hay que regar? Pues, en el caso de los jardines, lo necesario para optimizar la calidad estética del jardín. Menos, por tanto, que en el caso de los cultivos agrícolas donde se persigue maximizar la producción.

Para conocer las necesidades hídricas de los cultivos se toma como referencia los valores de evapotranspiración potencial (ETo) que se pueden consultar en la red de estaciones agroclimáticas. Al valor de la ETo se le aplica un coeficiente de cultivo (Kc -propio para cada cultivo y estado fenológico) para calcular el riego que se debe aplicar una vez descontada la precipitación, si ésta hubiera tenido lugar.

En el caso de los jardines también se toma la evapotranspiración potencial como base para calcular las necesidades hídricas, pero aplicando un coeficiente denominado Coeficiente de Jardín (Kj). Así, las necesidades hídricas del jardín (ETj) vendrían recogidas en la siguiente fórmula: ETj=Kj x ETo.

Las necesidades hídricas varían con cada especie vegetal

Las necesidades hídricas varían con cada especie vegetal

La determinación del coeficiente de jardín (Kj) depende de tres factores, el factor especie, la densidad de vegetación y el microclima. El factor especie se recoge en la siguiente tabla:

Necesidades hídricas %ETo Coeficiente-Ks

Altas

70-90

0’7-0’9

Medias

40-60

0’4-0’6

Bajas

10-30

0’1-0’3

Muy bajas

<10

<0’1

 

Densidad de la vegetación

Densidad de la vegetación

El factor de la densidad de vegetación tiene en cuenta la distancia de plantación y la disposición vertical de la misma. A mayor densidad de vegetación, mayor será la evapotranspiración y, por tanto, mayor el valor de este factor, como recoge la siguiente tabla:

Densidad de vegetación Coeficiente-Kd

Baja

0’5-0’9

Media

1’0

Alta

1’1-1’3

 

El factor de microclima, por su parte, recoge aquellas variaciones de temperatura y humedad relativa que vienen determinadas por la presencia de sombras (de un edificio, por ejemplo) o de superficies que reflejan calor (una zona pavimentada como un aparcamiento, por ejemplo) o la mayor o menor exposición a agentes atmosféricos que favorecen la evaporación, como el viento. Así, en un valor medio, el jardín no se ve afectado por este factor; en un valor alto, superficies que irradian o reflejan calor o que están expuestas a fuertes vientos sufren mayor evapotranspiración y; en un valor bajo, las sombras proyectadas por edificios o la protección frente a los vientos determinan una evapotranspiración más baja. El valor del factor microclima se recoge en la siguiente tabla:

Factor microclima Coeficiente-Kmc

Bajo

0’5-0’9

Medio

1’0

Alto

1’1-1’4

 

Así, teniendo en cuenta estos factores, el coeficiente de jardín, Kj, se calcula en base a la siguiente fórmula: Kj= Ks x Kd x Kmc.

Bien, teniendo en cuenta lo anterior: si tomamos como referencia una evapotranspiración potencial de 203’81 mm (l/m2) (como la registrada en julio de 2010 en la estación agroclimática de Estepona), las necesidades hídricas para un jardín con un coeficiente de 0’5 serían de 3,28 litros por metro cuadrado y día. El gasto mensual debería oscilar entre 104 litros/m2 para un sistema altamente eficiente (riego por goteo) y 146 litros/m2 para un sistema con una eficiencia del 70% (riego por aspersión). Valores por debajo de estas cifras significarían un déficit hídrico y, por encima, un gasto superfluo.

injerto detalle

La técnica del injerto

La primavera ya está en puertas y, en el caso del Valle del Guadalhorce, aun a expensas de que lleguen las esperadas lluvias, las plantas parecen tener prisa por iniciar su actividad. Los almendros ya pierden la flor y empiezan a brotar sus nuevas hojas, el narciso hace ya semanas que ha florecido, las vinagretas pintan de amarillo los campos, los gamones florecen y los olivos han activado su savia.

Es, pues, un tiempo propicio para realizar injertos en algunas especies arbóreas, como el olivo, en el caso que nos ocupa en esta entrada del blog.

El injerto es una técnica de multiplicación vegetal que consiste en reproducir una planta soldando a ella una pequeña porción (injerto) en otra planta adulta bien adaptada y arraigada que nos sirve como patrón.

Lo que pretendemos en este caso es multiplicar sobre un patrón de olivo una variedad de oliva de verdeo de gran tamaño, más carnosa, que la hace muy apetitosa como aceituna de mesa. El tipo de injerto realizado es de yema.

Para ello se poda del olivo a multiplicar una rama joven a la que extraer porciones de la corteza con yemas y que usaremos como injerto. En el árbol que usamos como patrón realizamos unos cortes en la corteza de modo que podamos ajustar bajo la misma la corteza extraída de la rama de injerto.

Dos cortes de unos diez centímetros (esto dependerá del tamaño de la corteza a injertar) en sentido transversal y otro central y longitudinal al tronco que nos permitan separar la corteza como si se tratara de una ventana de dos hojas y donde irá situado el injerto.

Realizaremos las incisiones en el árbol patrón

Realizaremos las incisiones en el árbol patrón

De la rama de donde vamos a obtener el injerto extraeremos, con cuidado de no romperla, una porción de corteza, que contenga al menos dos yemas, de la misma longitud que el corte vertical realizado en el árbol patrón.

Separar con cuidado la corteza a injertar cerciorándonos de que al menos contiene dos yemas

Separar con cuidado la corteza a injertar cerciorándonos de que al menos contiene dos yemas

Con cuidado levantaremos la corteza del árbol patrón y situaremos debajo de ella la corteza del injerto, asegurándonos de que haga contacto y tapándola con la corteza del árbol patrón.

Colocar con cuidado el injerto en su lugar

Colocar con cuidado el injerto en su lugar

Aseguraremos el injerto con cinta adhesiva como muestra la siguiente imagen.

La corteza injertada debe de hacer buen contacto y quedar bien fijada

La corteza injertada debe de hacer buen contacto y quedar bien fijada

Una vez sujeto con la cinta adhesiva protegeremos el injerto con material plástico para evitar la desecación, la entrada de agua o de parásitos. Esta protección la mantendremos al menos durante 14 días para que el árbol pueda cicatrizar y aceptar el injerto realizado.

La protección debe mantenerse, al menos, por 14 días

La protección debe mantenerse, al menos, por 14 días

Gracias a Vicente Arévalo por sus enseñanzas. En dos semanas os contaremos el resultado.

Este césped sufre estrés hídrico, circunstancia que aprovechan otras plantas oportunistas

Regar es más que echar agua

Venimos observando este invierno, en la Costa del Sol, un importante número de áreas verdes que, a pesar de contar con sistemas de riego localizado, presentan evidentes signos de déficit hídrico. Estamos pasando un invierno especialmente seco y anormal en esta región y las necesidades de riego son mayores que las del invierno pasado.

La estación agroclimática del Centro Ifapa en Churriana, por ejemplo, registra este año hidrológico (que tiene su inicio en septiembre) un déficit hídrico de 308,59 mm, con una precipitación de 130mm y una evapotranspiración de 438,59mm.  El año pasado, el acumulado de precipitación era de 445,8mm y el registro de evapotranspiración era de 372,45mm.

Aunque el déficit hídrico anual es una constante en la Costa del Sol, sí resulta una anomalía durante esta primera mitad del año hidrológico;  la evapotranspiración es superior en casi un 18%. Esto se traduce en una mayor necesidad de riego incluso sin tener en cuenta la diferencia de precipitación: la lluvia del presente año es sólo el 29’16% de la caída el año pasado hasta esta fecha.

 ¿Y qué pasa en los jardines?

En muchos jardines se evidencian signos de estrés hídrico. Las señales son más evidentes en las áreas de cesped, con amarilleamiento y resecamiento de las cespitosas y emergencia de hierbas y plantas adventicias no deseadas. El déficit hídrico no resulta tan evidente en arbustos y árboles pues suelen necesitar menos agua debido a la ralentización de sus procesos fisiológicos propia de la estación invernal.

El jardín de esta rotonda presenta signos de déficit hídrico.

El jardín de esta rotonda presenta signos de déficit hídrico.

La automatización de los sistemas de riego localizado presente en casi todos los jardines se gestiona con temporizadores; programadores que basan el reparto del agua en los diferentes sectores de riego de acuerdo a la asignación de un turno y un tiempo de riego. Sin una programación ajustada a la meteorología, con cambios en la frecuencia y duración de los riegos en base a las necesidades de las plantas, resulta que se produce un importante déficit hídrico en el jardín pues, en las actuales circunstancias, el riego es insuficiente para contrarrestar la escasez de precipitaciones y la mayor evapotranspiración.

Una solución definitiva

La programación de un sistema de riego con temporizador debe revisarse, semanalmente, con el objetivo de aplicar un riego que satisfaga las necesidades de las plantas y basado en la evapotranspiración y la precipitación registradas en la semana. Para ajustar la cantidad de agua a aplicar, además de los valores meteorológicos ya señalados, es imprescindible conocer el caudal que aplica el sistema en cada sector de riego y poder establecer el tiempo y la frecuencia de riego en la consola de programación.

Lo que ocurre, en realidad, es que los jardineros no modifican la programación de riego: repiten valores programados con anterioridad, y el jardín sufre las consecuencias. Es cierto que la programación supone una tarea un tanto tediosa y que, sin el adecuado conocimiento y sin los datos precisos, puede resultar errada. Y ocurre, también, que no siempre existe la motivación suficiente para tomarse en serio esta labor.

Jardín con sistema Intelliwater

Jardín con sistema Intelliwater

Afortunadamente, los sistemas de riego Intelliwater corrigen este problema pues ajustan en todo momento la dosis de riego. La información proporcionada por los sensores emplazados en la zona de las raíces sobre el contenido de agua en el suelo indica al gestor de riegos la necesidad de agua de las plantas y éste aplica la cantidad de agua necesaria en cada riego, sin necesidad de reprogramación.

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Podemos ayudarte a hacer un uso más eficiente del agua de riego.

 

Las necesidades hídricas varían con cada especie vegetal

Necesidades de Riego (II): Necesidades Netas

En la entrada anterior hemos aprendido el concepto de Intervalo de Humedad Disponible. El agua disponible en el suelo a capacidad de campo es consumida por las plantas (y los microorganismos e invertebrados presentes en el suelo) y devuelta a la atmósfera por evaporación.

La planta toma por las raíces el agua y las sustancias minerales disueltas, de ahí pasan al tallo que actúa como distribuidor hacia las hojas. En las hojas se produce el intercambio gaseoso (fotosíntesis y respiración), para lo cual es necesario que dispongan de luz,  aire y agua. La cantidad de agua requerida para realizar el intercambio gaseoso es sólo una parte muy pequeña del total del agua absorbida por la planta, mientras que otra pequeña parte  queda en la planta para completar los procesos de crecimiento. La mayor parte del agua es usada por la planta para la transpiración. Es en las hojas donde tiene lugar la eliminación en forma de vapor del agua del agua que no se ha utilizado en los procesos anteriores. La transpiración permite la circulación ascendente del agua en la planta. Actúa como mecanismo para la distribución de los nutrientes y para regular la temperatura de la planta. La transpiración se lleva a cabo en los estomas; la planta puede regular este proceso abriendo o cerrando estos orificios.

Aplicaremos el riego teniendo en cuenta el Nivel de Agotamiento Permisible (NAP): este nivel marca el punto a partir del cual las raíces encuentran mayor dificultad para extraer el agua y se produce una disminución en la transpiración, lo que suele traer consigo pérdidas de producción. Normalmente se representa como una fracción del Intervalo de Humedad Disponible.

Nivel de Agotamiento permisible

Nivel de Agotamiento permisible

Las necesidades de riego netas vienen determinadas por la evaporación directa del suelo y por la transpiración de las plantas. La evaporación y la transpiración varían dependiendo del cultivo y de la metereología.  Para facilitar el cálculo de las necesidades netas de riego se ha convenido una Evapotranspiración de Referencia (ET). Esta ET se ajusta a cada cultivo mediante un coeficiente llamado coeficiente de cultivo (Kc) que describe las variaciones en la cantidad de agua que las plantas extraen del suelo a medida que se van desarrollando, desde la siembra hasta la recolección. En cultivos anuales viene diferenciado en fases (Inicial, desarrollo, media, maduración) y, diferenciado en meses y grado de cobertura, en el caso de cultivos leñosos, permanentes.  Así, para el cálculo de la ET de un cultivo se utiliza la fórmula ETc=ET*Kc.

Nuestro objetivo, a la hora de regar es cubrir las necesidades del jardín o el cultivo, evitando que el agua disponible en el suelo descienda por debajo del Nivel de Agotamiento Permisible, o, en el peor de los casos, por debajo del punto de marchitez permanente.  Estimaremos la necesidad neta de riego,  siguiendo el método del balance de agua:

Necesidades netas de riego = Evapotranspiración – Lluvia                      Nn = ET – LL

El riego debe ajustarse para satisfacer las necesidades de las plantas evitando las pérdidas por escorrentía y por filtración profunda

El riego debe ajustarse para satisfacer las necesidades de las plantas evitando las pérdidas por escorrentía y por filtración profunda

El valor de la evapotranspiración de referencia se puede obtener a través de la Red de Información Agroclimática, consultando los datos de la estación metereológica más cercana.

Gráfica de Evapotranspiración de la estación metereológica ubicada en Ifapa - Campanillas

Gráfica de Evapotranspiración de la estación metereológica ubicada en Ifapa – Campanillas

El método de balance de agua nos permite una aproximación para calcular la cantidad de agua a aplicar en cada riego pero, al ser siempre valores aproximados, corremos el riesgo de aplicar más agua de la necesaria (que se perderá por escorrentía o por filtración profunda) o menos agua de la necesaria y crear una situación de déficit hídrico.

Con un sistema de riego inteligente, los sensores controlan la humedad del suelo y el gestor ajusta el riego para mantener el contenido de agua en el suelo entre el Nivel de Agotamiento Permisible y el punto de Capacidad de Campo, de forma totalmente automatizada y ahorrando al regante la engorrosa labor de realizar cálculos y revisar la programación del temporizador de riego.

crasas

Necesidades de riego (I): Intervalo de Humedad Disponible

La naturaleza de un suelo está determinada por su textura (materiales que lo forman) y por su estructura (la forma en que se combinan los materiales que lo forman). La composición del suelo está constituida por la fracción sólida en un 50%; el restante 50% se reparte entre el agua y el aire (en la misma proporción en condiciones ideales) que se alojan en los poros resultantes de la agregación de los materiales minerales y orgánicos del suelo.

La capacidad de retención de agua en el terreno es mayor en los poros más pequeños al igual que ocurre en una esponja.

Aire y agua se reparten los poros formados por el agregado de la fracción sólida del suelo

Aire y agua se reparten los poros formados por el agregado de la fracción sólida del suelo

La presencia de aire en el suelo no es sólo importante para la “respiración” (intercambio gaseoso) de la raíz; la propia vida del suelo (bacterias aerobias, hongos, protozoos, pequeños invertebrados), que transforma la materia orgánica en nutrientes asimilables, necesita de este aire para su actividad metabólica.

El suelo retiene el agua hasta un límite que se llama “Punto de Capacidad de Campo”. A partir de este punto, toda agua que añadamos se perderá por escorrentía (desplazamiento superficial) o por percolación (filtración a capas más profundas) hasta saturar el suelo.

Entre el suelo seco y la capacidad de campo existe un límite de humedad en el suelo por debajo del cual las plantas no pueden extraer el agua existente en el suelo para realizar sus funciones vitales. Este límite se llama “Punto de Marchitez Permanente” y es diferente para cada especie vegetal. Cuando el suelo se seca hasta este punto, y a partir de él, la supervivencia de la planta es imposible.

El agua disponible en el suelo (IHD), por tanto, es el agua que pueden asimilar las plantas y coincide con el intervalo entre el Punto de Marchitez Permanente (pmp) y el punto de Capacidad de Campo (cc).

Intervalo de Humedad Disponible

El Intervalo de Humedad Disponible (IHD) es diferente para cada especie vegetal

 

 

 

 

 

Lombrices

Reutilizar los residuos del jardín

Son numerosos los residuos que genera el jardín. Restos de poda, hojarasca, césped segado, entre otros, suelen ser retirados del jardín por cuestiones estéticas y tratados como basura. Un grave error, pues estos residuos son, debidamente procesados, un valioso aporte para la fertilidad del jardín y la enmienda de suelos pobres o con una estructura deficiente.

El producto final del vermicompostaje permite corregir la estructura y textura de suelos pobres

El producto final del vermicompostaje permite corregir la estructura y textura de suelos pobres

Las lombrices y los pequeños invertebrados detritívoros junto a las bacterias y hongos descomponedores son el aliado perfecto del jardinero para obtener un elemento de singular importancia para el jardín, el vermicompost.

El vermicompost aporta nutrientes asimilables de liberación lenta, mejora la estructura y textura del suelo. Favorece el desarrollo de las plantas y la vida en el suelo, el equilibrio de la biota edáfica y previene la aparición de plagas al estimular la salud de las plantas.

Un jardín eficiente y sostenible debe reutilizar los residuos generados en él. El buen jardinero debe contar con la ayuda de estos pequeños aliados y cambiar los nefastos hábitos de quemar los restos de poda o tirar a la basura la hojarasca y el césped segados. Habilitar una zona para el vermicompostaje en una zona sombreada del jardín, con un punto de agua para mantener la humedad necesaria para el desarrollo de las lombrices es una pequeña inversión que permite una gestión y valorización adecuada de los residuos generados en el jardín.

 

 

Agrupación con menor demanda de riego

Hidrozonas, unas nociones básicas

Las necesidades de agua en un mismo jardín pueden ser muy diferentes; no sólo por el tipo de plantas pues también influye el tipo de suelo y la mayor o menor exposición a los factores metereológicos de evapotranspiración (sol y viento).

La evapotranspiración es la pérdida de humedad del suelo por evaporación directa y la transpiración de las plantas que se encuentran en él. Cuanto más expuesto se encuentre el terreno y mayor sea la transpiración de las plantas que hay en él, mayores son las necesidades de riego.

A la hora de diseñar el jardín conviene agrupar a las plantas según sus necesidades hídricas: facilitará el diseño del sistema de riego localizado y permitirá lograr una mejor estética del jardín con un uso más racional y eficiente del agua.

En la mayor parte de los jardines podemos identificar diferentes hidrozonas según su demanda de agua, de mayor a menor, no sólo considerando la transpiración específica de las plantas, pues también influye la situación de la zona en el jardín y su exposición al sol y al viento. Una zona sombreada requiere menos agua que una que está expuesta al sol.

Otro criterio a considerar es la técnica de riego a aplicar. Un árbol requiere una aplicación distinta a la del césped, por ejemplo. El primero necesita riegos más profundos que humedezcan sus raíces, pues éstas se hallan a mayor profundidad que las del césped y éste, en cambio, necesita riegos más superficiales y frecuentes pues sus raíces no profundizan en el suelo.

La tecnología de riego permite adaptar los sistemas a las necesidades específicas de cada zona mediante el uso de goteros, aspersores o difusores y la diversidad de configuraciones de caudal que facilitan llevar el agua de riego allí donde se necesita en la cantidad necesaria. La utilización de los sensores Intelliwater, además, permite que la aplicación sea eficiente, manteniendo la cantidad de agua adecuada a cada hidrozona y evitando tanto la escasez como la saturación que tanto estrés causa a las plantas del jardín.

 

 

 

 

Pradera mojada

El olor a tierra mojada, aroma a vida.

 

Hojarasca en descomposición

Hojarasca en descomposición

El olor a tierra mojada, sin importar el contexto cultural o geográfico, es el olor que a más personas resulta agradable. Nos conecta íntimamente con la vida a través del olfato, un sentido que tenemos cada vez más atrofiado.  Un aroma que se intensifica aún más cuando la lluvia cae sobre tierra reseca, cuando el agua es más necesaria, como si la tierra gritara ¡VIDA!

¿Cuál es el origen de este inconfundible y agradable olor?  No es, como se pensaba, el ozono que se forma en la atmósfera durante las tormentas; su origen viene de la tierra misma, de la vida que contiene. Geosmina, en griego, “aroma de la tierra”, es la sustancia química responsable.  La bacteria Streptomyces coelicolor, también conocida como bacteria de Albert, y algunas cianobacterias, todas ellas presentes en el suelo, son sus principales productoras.

La inofensiva Streptomyces coelicolor es una bacteria aerobia descomponedora de la materia orgánica, de gran importancia en el ciclo del nitrógeno y en el ciclo del carbono pues metaboliza sustancias asimilables por las plantas. Además es de gran importancia por sus propiedades antibióticas que le sirven para eliminar a otros microorganismos que compiten por los nutrientes del suelo y que la medicina aprovecha para obtener antibióticos: agentes antibacterianos muy conocidos como la tetraciclina, la eritromicina, la rifampicina o la kanamicina; antifúngicos, como la nistatina y agentes antitumorales, antihelmínticos e inmunosupresores, entre otros.

La producción de geosmina responde a un mecanismo evolutivo de gran importancia para la dispersión geográfica de la bacteria: la geosmina es vital para la supervivencia de los animales que habitan en zonas desérticas, como los camellos, pues localizan el agua a gran distancia gracias a esta molécula. La bacteria, como contrapartida, deposita sus esporas en estos animales, que las transportarán a lugares distantes que la bacteria colonizará.

Recuérdalo cuando riegues el jardín, cuando caiga la lluvia; el olor a tierra mojada es el aroma de la vida.